No hay camino. Apuntes para pensar los caminos rurales en Tejedor

Por Pablo Esquilache

La correcta gestión de los caminos rurales por parte del municipio es una necesidad central, no solo para el sector productivo sino también para las familias que dependen de ellos todos los días. A lo largo de los años hubo momentos en los que la red vial estuvo en mejores condiciones y otros en los que el deterioro fue más evidente. Pero lo cierto es que nunca existió un plan de trabajo sostenido que aporte previsibilidad y continuidad al mantenimiento.

El distrito cuenta con 2.850 kilómetros de caminos rurales, fundamentales no solo para mantener conectadas a las familias con la salud, la educación y la economía local, sino también porque son el principal acceso a dos de las cinco localidades y a las diez escuelas rurales.

Carlos Tejedor es un distrito claramente agroganadero: cuenta con unas 250.000 cabezas de ganado y alrededor de 160.000 hectáreas agrícolas dedicadas a cultivos extensivos. En este contexto, los caminos rurales son una pieza clave para el traslado de la producción.

Según referencias técnicas de la Asociación Argentina de Carreteras y experiencias concretas como la del Consorcio Vial de Tres Algarrobos, para un mantenimiento eficiente se requiere aproximadamente un equipo cada 150 kilómetros de caminos rurales. Cada equipo puede incluir, como base, una motoniveladora, un tractor con implementos, un camión y maquinaria de apoyo. Bajo este criterio, con el equipamiento disponible el municipio de Carlos Tejedor podría atender de manera adecuada alrededor de 1.000 kilómetros de la red vial.

En momentos como los actuales, en los que las lluvias superan los promedios habituales, se hacen más evidentes las falencias en el mantenimiento de los caminos rurales y las debilidades del sistema hídrico. Estas situaciones muestran la importancia de contar con una planificación de fondo, no solo a nivel local sino también en coordinación con la Provincia, para abordar el problema de manera integral.

Por eso, resulta necesario avanzar en la elaboración de un Plan Rector de Caminos Rurales que ordene y dé previsibilidad al trabajo. Este plan debería incluir la georreferenciación y jerarquización de los caminos, junto con un esquema de mantenimiento que garantice su transitabilidad durante todo el año. Un ejemplo de que este enfoque puede funcionar es el del Consorcio Vial de Tres Algarrobos, que administra 500 de los 2.850 kilómetros de caminos rurales y que, en términos generales, aplica una metodología basada en la distribución adecuada de la maquinaria, la jerarquización de la red vial y una planificación sostenida de las tareas.

A partir de allí, el plan debería impulsarse de forma participativa, junto a productores y consorcios, incorporando herramientas digitales que permitan monitorear el estado de los caminos y programar las tareas con mayor eficiencia. También es clave contar con un inventario actualizado de maquinarias y un programa de inversión sostenida que asegure la capacidad operativa del municipio.

En definitiva, mejorar los caminos rurales es una decisión necesaria para acompañar al sector productivo, garantizar el acceso de las comunidades y fortalecer la vida económica y social del distrito.

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