Por Pablo Esquilache
¿Por qué Carlos Tejedor no crece o por qué no vienen empresas?
Esta es una de las preguntas que más se repite en cada campaña electoral. Para intentar responderla se pueden pensar distintas hipótesis. Algunas pueden tener que ver con la ubicación geográfica de nuestro distrito y otras con las condiciones que el propio municipio ofrece —o deja de ofrecer— para su desarrollo.
El Partido de Carlos Tejedor se encuentra en el noreste de la provincia de Buenos Aires, sobre la Ruta 226. Si tomamos como referencia la ciudad cabecera, estamos a 70 kilómetros tanto de la Ruta 5 como de las rutas 33 y 188, corredores de gran circulación en la provincia. Esta ubicación nos coloca en una posición “incómoda”, lo suficientemente lejos como para no aprovechar plenamente el movimiento que generan esos corredores.
Para revertir esta desventaja no alcanza solo con lo que puede hacer el municipio, sino que se requieren gestiones en otros niveles del Estado. La construcción de las rutas 70 y 68, el regreso del tren y la extensión del gasoducto son algunas de las medidas clave en ese sentido. La concreción de las rutas 70 y 68 nos daría esa conexión necesaria para ampliar el horizonte del comercio y la industria del distrito. En Timote existe un cruce estratégico de ramales ferroviarios que permitiría conectar a Tejedor con tres puertos fundamentales: Rosario, Bahía Blanca y Buenos Aires. A su vez, la llegada del gas natural completaría un salto estructural indispensable para la radicación de nuevas empresas y la consolidación del entramado productivo local.
En ese marco, mientras las grandes obras de infraestructura se gestionan, el municipio sí puede y debe asumir un rol activo en la creación de condiciones para el desarrollo. No se trata solo de esperar inversiones o mejoras estructurales, sino de planificar un modelo de crecimiento que promueva al comercio y a los emprendedores locales, fortalezca lo que Tejedor ya tiene y proyecte un futuro. La experiencia demuestra que ningún proyecto productivo prospera sin un marco claro y sin servicios básicos. Por eso, el camino debe ser simultáneo, aunque con prioridades: generar las condiciones básicas para el crecimiento y, al mismo tiempo, avanzar en una política industrial planificada.
Lo que sí está en manos del municipio son las herramientas de planificación local. El Código de Planeamiento Urbano, aprobado en 2001, nunca fue actualizado y solo se lo modificó de manera puntual, mediante excepciones para usos, obras o comercios que en su momento no estaban contemplados en la ordenanza. Hoy esa norma resulta insuficiente y, en algunos aspectos, contradictoria para orientar el desarrollo. Por eso es prioritario avanzar en su actualización: corregir errores acumulados a lo largo de más de dos décadas y, sobre todo, diseñar un crecimiento ordenado que contemple la creación de una zona industrial planificada.
Un parque industrial con servicios básicos garantizados —luz, agua y gas—, con un programa transparente de venta de lotes y con reglas claras para la radicación de empresas. Un espacio que no solo sirva para atraer industrias externas, sino también para potenciar a nuestros propios comerciantes, emprendedores e industriales, que muchas veces carecen de las condiciones mínimas para crecer.
En ese contexto, y como complemento a las políticas de infraestructura y planificación, una oportunidad para empezar a compensar las desventajas que impone la ubicación del distrito es el aprovechamiento de las nuevas tecnologías. El comercio electrónico, las redes sociales y las herramientas digitales permiten acortar distancias y ampliar mercados, haciendo que el lugar desde donde se produce o se emprende sea cada vez menos determinante. Acompañar a comercios, emprendedores e industrias locales en su adopción puede ayudar a integrar a Tejedor a circuitos económicos más amplios.
Por último, y no menos importante, el desafío es también salir a mostrar y poner en valor las fortalezas del distrito. Posicionarnos activamente como un lugar para vivir, tranquilo y seguro, con buena calidad de vida, con acceso a una amplia oferta educativa y a servicios de salud de calidad. Un municipio que, más allá de su ubicación, se encuentra cerca de centros administrativos como Buenos Aires o La Plata y de destinos turísticos clave, a los que se puede acceder en pocas horas. Estas condiciones pueden convertirse en un diferencial concreto si se las piensa como parte de una estrategia de desarrollo, apoyada por una gestión eficiente, austera y transparente, que planifica el crecimiento del distrito.
Porque el desarrollo no vendrá solo de afuera. Hay que construirlo desde lo local, generando condiciones, acompañando a quienes producen y emprenden, con planificación, reglas claras y una mirada de largo plazo.
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