“La novela narra el regreso del periodista Cristian Márquez al pueblo de su infancia, Bragado. Allí retoma la investigación inconclusa de su tío Manuel sobre un crimen ocurrido en 1962, en Timote, y descubre una verdad enterrada durante medio siglo”, contó a Página 12 Marcelo Urquiza, autor de “Los muertos de Timote” que ganó el 8° certamen literario de novela corta que organiza el Gobierno de Junin.
El artículo detalla: “Urquiza nació en Timote, es hijo de aquel páramo de pocos habitantes que integra el partido de Carlos Tejedor. Entonces, ¿ficción o realidad? ¿O un poco de ambas?”
El autor respondió: “Nací allí, pero mi historia personal está ligada a Bragado y a La Plata. Timote pertenece a ese territorio afectivo y familiar que conozco desde muy temprano. Todo lo que sé sobre el pueblo se lo debo a los relatos de mi madre. Ella me contó cientos de historias de Timote y de toda esa zona”
Así, una vez más, Timote vuelve a ser parte de los medios nacionales y el eje central de una nueva novela
A continuación, el artículo de Página 12 completo:
Los padres de Marcelo eran tamberos y durante años oscilaron entre el norte o el oeste bonaerense. A través de sus relatos y experiencias, Urquiza alcanzó pueblos, caminos e inclusive “pequeños secretos”, confiesa. Así, debió abocarse a la tarea de despegarse de lo personal e investigar sobre lo conocido: “escribir sobre un espacio tan cercano emocionalmente tuvo una doble dificultad. Por un lado, no quería escribir sobre mi familia sino sobre el paisaje y el mundo rural, que muchas veces desconocemos. Por otro lado, creo que hay todo un universo de situaciones, personajes y relaciones que se ignoran en las ciudades, pero que son cotidianos en el ámbito rural. Me refiero a vínculos muy fuertes. A veces no se perciben o se ocultan, pero están ahí”. La novela desenmascara dinámicas adheridas e indisolubles, tan propias de las entrañas de un paraje. “En esos lugares, los forasteros, los recién llegados, nunca encuentran su verdadero lugar y siempre son sospechosos. Las familias no muestran ni hacen públicas sus propias traiciones o miserias. Todo eso se discute puertas adentro. La novela trata de explorar ese mundo”, expresa Urquiza.
Corte y confección
La semilla siempre estuvo ahí: Urquiza sabía que una novela sobre Timote iba a nacer de su escritura. “Hace unos años estaba haciendo un taller con Natalia Brandi, la escritora platense. Le comenté la idea de escribir una novela y ella me acompañó durante todo el proceso de la primera versión y la revisión posterior. Luego, la novela reposó un tiempo hasta que volví a revisarla, pero esta tercera revisión la hice solo. En ese proceso descubrí que corregir es tan gratificante como escribir”, rememora, sobre la indispensable labor de edición.
La tarea, aunque la define como gratificante, Urquiza también la ubica dentro del umbral de dolor: “Debí cortar y sacar partes que consideraba esenciales pero no eran funcionales a la historia. Fue una escritura volcánica y después le fuimos dando forma”, sintetiza.
Con carácter obsesivo desde ese bosquejo inicial en 2022, durante el proceso con Brandi -algunos de sus libros son Puno (2015), Murmullos en alguna ciudad (2020) y Amor con amor se paga (2024)- y hasta un día antes de saber que había ganado el concurso en Junín, Urquiza siguió corrigiendo su obra. Es más, hoy, con la novela publicada y recorriendo diferentes lares, la continúa editando. “Es una obsesión”, afirma.
Lo que viene
Lograr el primer premio en el concurso literario bonaerense a principio de año -que le significó la publicación de la editorial Tres Lagunas” fue, para Marcelo, una confirmación “Uno escribe durante mucho tiempo en soledad, sin saber si aquello que está haciendo llegará alguna vez a un lector. Que un jurado eligiera la novela y que el premio permitiera su publicación significó que ese trabajo silencioso podía, por fin, salir al encuentro de otros”, expresa.
No obstante, en cuanto a la presentación del 21 de agosto confía en que tiene un valor especial porque, para él, es una forma de “reunir dos territorios”. Sus expectativas, asimismo, no son “grandilocuentes”, sino que espera que exista de otra manera, aunque duela: “Que encuentre a sus lectores. Es un acto doloroso, porque uno intenta proteger la obra casi como a un hijo; una vez editada, sin embargo, toma su propio vuelo y se aleja de la casa”, concluye.
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